Este blog es un espacio para pensar, construir, deconstruir, analizar, meditar, cognocer, metacognocer, reflexionar, observar, interiorizar, exteriorizar, encarnar, criticar y trascender nuestros procesos de evaluación

viernes, 4 de diciembre de 2009

FUNDAMENTO TEÓRICO


La evaluación.

De acuerdo a lo expuesto en el libro: “Cómo evaluar el aprendizaje escolar”[1] escrito por el Dr. Ignacio Abdón Montenegro Aldana, investigador en los campos del aprendizaje, cognición, meta cognición y educación en ambientes virtuales; la evaluación está orientada a la formación integral del estudiante y como estrategia de mejoramiento de la calidad educativa. Este concepto se contrapone a la evaluación como ejercicio de autoridad, como la aplicación de premios y castigos, como acción punitiva, como forma de discriminación[2], que como podemos observar es la concepción heredada e inconsciente que la mayoría de los docentes llevamos y practicamos y que ahora con la oportunidad que se nos da de repensar tan complejo proceso deberíamos replantearla por una concepción de la evaluación como estrategia de aprendizaje de los estudiantes, como una oportunidad para incrementar sus niveles de motivación, autoestima y reafirmación de su personalidad, como un medio para la promoción de los estudiantes para asegurar el éxito en sus estudios. Superando así las viejas prácticas de “aprender para evaluar” y avanzar hacia la nueva cultura de “evaluar para aprender”[3].

El doctor Ignacio expone en el capítulo primero del libro, que en el contexto más amplio, la evaluación del sistema educativo contribuye a detectar fortalezas y dificultades y que por ello es una estrategia de calidad: “Una educación es de calidad si forma niños y jóvenes con buenos niveles de competencias básicas como la física, afectiva, cognitiva, comunicativa, ética y estética. Una educación es de calidad en la medida en que desarrolla las potencialidades de los niños, niñas y jóvenes comprometiéndolos con su proyecto de vida y con su proyecto de desarrollo social armónico”[4].

Es importante tener en cuenta que los factores asociados a la calidad educativa son de dos tipos, primero factores asociados al estudiante en donde se deben tener en cuenta aspectos tan importantes como: la salud y protección, el afecto y la motivación, el conocimiento previo y la satisfacción de las necesidades básicas. Y segundo factores asociados al ambiente, especialmente en tres espacios: la familia, el colegio y el entorno social. En cuanto a la familia, elementos importantes para generar una educación de calidad son: el ambiente de afecto, respeto, protección y comunicación, así como los aspectos de la nutrición, la salud y la recreación. En el colegio no se pueden descuidar elementos como la estructura física, la dotación de recursos, el ambiente social y las condiciones pedagógicas. Y en el entorno social se deben brindar seguridad y protección y escenarios de aprendizaje si se quiere apoyar los procesos educativos.

La evaluación además de contribuir al mejoramiento continuo y al desarrollo de la calidad, también es una estrategia de aprendizaje y como tal debe servir a los docentes como instrumento de retroalimentación continua hacia los estudiantes que fortalezca dicho proceso: “La evaluación es una estrategia de aprendizaje que consiste en valorar o estimar lo logrado por el estudiante en función de lo planeado. Además, proporciona al docente información para reorientar sus prácticas pedagógicas. Por estas razones, la evaluación es retroalimentación del proceso de aprendizaje. La evaluación es un proceso continuo e integral cuyos objetivos son: valorar los logros de los estudiantes, superar sus dificultades, aprender mejor, determinar su promoción y suministrar información para la evaluación institucional”[5].

De otro lado el Dr. Ignacio Abdón expresa que la evaluación es integral, sistemática, continua, flexible y participativa. Integral, porque tiene en cuenta las dimensiones del desarrollo humano; sistemática porque guarda relación con los principios pedagógicos, con los fines y objetivos de la educación y con los contenidos del plan de estudios; continua porque se realiza de manera permanente con base en el seguimiento que hacemos al estudiante a través del cual detectamos con él, sus logros y dificultades; flexible porque tiene en cuenta las características individuales como los ritmos de aprendizaje de los estudiantes, su historia personal, sus intereses, condiciones y limitaciones así como las condiciones institucionales y del entorno; y finalmente es participativa porque está centrada en el estudiante, y participamos también, los docentes y los padres de familia. Al mismo tiempo la evaluación se asume con principios relacionados con la coherencia, transparencia, pertinencia, eficacia y eficiencia. Es coherente cuando existe correspondencia entre nuestro compromiso como docentes y la exigencia que hacemos a nuestros estudiantes; es trasparente en la medida en que definimos previamente en el colegio un sistema de evaluación en el cual fijamos los criterios y los procedimientos; además, porque cada actividad de evaluación es explicada y porque los resultados de la misma son de conocimiento de nuestros estudiantes y de los padres de familia. La evaluación es eficaz porque se orienta a la consecución de logros, y es también eficiente porque optimiza el uso de recursos[6].

Propósito de la evaluación[7].

El gran propósito de la evaluación es contribuir a la formación integral de los estudiantes, asegurar el éxito escolar. Para ello proporciona información valiosa a estudiantes, docentes, institución educativa y al sistema educativo.

Al estudiante le permite diagnosticar su estado de desarrollo, identificar características personales, intereses y potencialidades, ritmos y estilos de aprendizaje, detectar logros y dificultades. También hace seguimiento al desarrollo de sus competencias y con ello, reorientar su proceso educativo, para asegurar su formación integral, por último determina la promoción del estudiante.

A los docentes la evaluación les permite valorar su plan de estudios, los contenidos, su metodología, sus recursos y el manejo del tiempo. Con ello puede fortalecer sus aciertos como docente e implementar nuevas estrategias e innovaciones que le permitan avanzar en una ruta de cualificación profeional.

La institución educativa se vale de la evaluación para establecer el alcance de sus metas de calidad para evaluar su modelo curricular, su pertinencia; en fin, para tomar decisiones orientadas al mejoramiento de las condiciones pedagógicas y del proyecto educativo, en su conjunto.

Al sistema educativo la evaluación le permite valorar los planes existentes, el cumplimiento de las metas establecidas. Con ello pueden fortalecer o reorientar las políticas en el ámbito municipal, territorial y nacional.

Objeto de la evaluación[8].

El objeto principal de la evaluación es el proceso formativo del estudiante. Este proceso es altamente complejo, pero esa complejidad está relacionada con sus dimensiones de desarrollo y en ellas sus competencias, las cuales implican el desarrollo de habilidades y destrezas junto con la comprensión de los conceptos inmersos.

La evaluación integral del estudiante implica la valoración de sus dimensiones física, psicológica, intelectual y social. Esta última implica el desarrollo afectivo, comunicativo, ético y estético. En cada una de estas dimensiones existen procesos entendidos como sucesión de etapas.

Como el plan de estudios se organiza por áreas, asignaturas y proyectos, se hace necesario establecer relaciones claras entre estos componentes y las dimensiones de desarrollo. Lo ideal es que cada área, asignatura y proyecto se orienten al desarrollo de cada una de las dimensiones.

La auto-evaluación, la hetero-evaluación y la co-evaluación[9].

La auto-evaluación es el ejercicio que realiza el propio estudiante para identificar sus logros, reconocer sus dificultades, comprender las metodologías propicias y utilizar los recursos adecuados. Todo ello con el fin de tomar las decisiones que le permitan avanzar con éxito en el proceso de aprendizaje. Tomar conciencia de su proceso formativo con el fin de auto-regularlo, es el sentido de la auto-evaluación.

Pero, el conocimiento del estudiante de su propio proceso es limitado, por ello requiere la visión de otros para mejorar esa comprensión. El docente, al evaluar al estudiante, le ayuda a tomar conciencia de sus logros, comprender las cusas de sus dificultades, el valor de las metodologías, el manejo del tiempo y el sentido de los recursos. Este es el sentido de la hetero-evaluación: mejorar en el estudiante el conocimiento de su propio proceso de aprendizaje y contribuir con su auto-regulación.

Si la auto-evaluación realizada por el estudiante y la hetero-evaluación desarrollada por el profesor confluyen de manera permanente, se establece un diálogo en el cual interactúan las valoraciones de ambos sobre los logros, dificultades, metodologías, tiempos y recursos. Es importante este acercamiento para evitar que los juicios emitidos por el maestro se conviertan en sentencias inapelables. Encontrar una comprensión mutua entre el docente y el estudiante sobre el estado de sus proceso formativo, es el sentido de la co-evaluación.

La calificación[10].

La calificación es una operación inmersa dentro del proceso de evaluación, consiste en asignar un valor dentro de una escala, bien sea cualitativa o cuantitativa, definida, de acuerdo con los criterios e indicadores de logro. A veces, los educadores, en nuestro afán por obtener guarismos del desempeño de nuestros estudiantes, restringimos la evaluación, le quitamos su carácter de retroalimentar el proceso y la convertimos en un juicio expresado en un valor cualitativo o cuantitativo. Para mitigar este riesgo se sugiere aplicar la evaluación de manera permanente como estrategia de refuerzo, de retroalimentación del proceso educativo. Es preciso, entonces, evaluar bastante y calificar de vez en cuando.

La promoción[11].

En sentido general, promover significa pasar de un estado inferior a un estado superior de desarrollo. El estudiante se promueve cuando comprende un nuevo concepto, cuando incrementa una determinada habilidad o destreza, cuando adquiere un nuevo logro, cuando supera una dificultad, cuando termina un periodo académico, cuando aprueba un grado, cuando culmina un ciclo o cuando finaliza un nivel educativo. En este sentido, la promoción puede ser corriente o gradual. Es corriente cuando se adquiere un nuevo conocimiento y gradual cuando termina un determinado grado.

Teniendo en cuenta que la promoción se basa en el reconocimiento de la existencia de diferencias en el ritmo de aprendizaje, en teoría, la promoción gradual podría ser: anticipada, normal o posterior, de acuerdo al momento en que se presente con respecto al año lectivo definido oficialmente. La promoción es anticipada cuando ocurre antes de terminar el año lectivo; es normal, cuando se da de manera simultánea con la culminación del año lectivo; y es posterior, cuando queda pendiente después de acabarse el año lectivo y el estudiante necesita tiempo adicional para cumplir los requisitos de promoción definidos por la institución educativa.

La reprobación[12].

La reprobación es el acto de no-promoción en un grado determinado porque el estudiante no alcanzó los logros esperados, porque no cumplió con los criterios de promoción previstos por la institución educativa, definidos en ejercicio de su autonomía. La reprobación es sinónimo de fracaso escolar, por eso es algo indeseable, además, porque el objetivo de la evaluación (junto con las demás estrategias pedagógicas) es asegurar el éxito del aprendizaje y no el fracaso.

Los proyectos pedagógicos[13].

El artículo 36 del decreto 1860 de 1994 incorpora al Plan de estudios los proyectos pedagógicos:

“El proyecto pedagógico es una actividad dentro del plan de estudios que, de manera planificada, ejercita al educando en la formación de problemas cotidianos, seleccionados por tener una relación directa con el entorno social, científico y tecnológico del alumno. Cumple la función de correlacionar, integrar y hacer activos los conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores logrados en el desarrollo de diversas áreas, así como la experiencia acumulada… Los proyectos pedagógicos también podrán estar orientados al diseño y elaboración de un producto, al aprovechamiento de un material equipo, a la adquisición de dominio sobre una técnica o tecnología, a la solución de un caso de la vida académica, social, política o económica y, en general, al desarrollo de intereses de los educandos que promuevan su espíritu investigativo y cualquier otro propósito que cumpla los fines y objetivos en el proyecto educativo institucional”.

De lo anterior se puede inferir que también existen proyectos obligatorios. El mismo artículo señala que: “la enseñanza prevista en el artículo 14 de la ley 115 de 1994, se cumplirá bajo la modalidad de proyectos pedagógicos”.

De acuerdo con el artículo 14 de la ley general, modificado por las Leyes 1013 y 1029 de 2006, las temáticas de enseñanza obligatoria son:

“a) El estudio, la comprensión y la práctica de la Constitución Nacional y la instrucción cívica. b) El aprovechamiento del tiempo libre, la práctica de la educación física, la recreación y el deporte formativo. c) La enseñanza de la protección del ambiente, la ecología y la protección de los recursos naturales. d) La educación para la justicia, la paz, la democracia, la solidaridad, la confraternidad, el cooperativismo y, en general, la formación en los valores humanos. e) La educación sexual de acuerdo con las necesidades de los educandos según su edad”.

Para la educación preescolar y básica existe, además, el proyecto “Prevención de desastres y atención de emergencias”, de acuerdo con la resolución 7550 de 1994. Para educación media, existe, además, el proyecto para dar cumplimiento al servicio social estudiantil obligatorio, de acuerdo con la resolución 4210 de 1996.

Pero, además de estos, la institución educativa puede crear otros, por ejemplo, algunos colegios tienen el proyecto de lectura y escritura, otras el de comunicaciones. Por esto afirmamos que existen proyectos obligatorios y también puede haber optativos.

La fundamentación del área o asignatura[14].

Es importante expresar el sentido de cada área, su delimitación, su objeto de estudio, su enfoque epistemológico y en especial, su papel en el proceso de formación integral de los estudiantes. No es el área o la asignatura un fin sino un medio. Por ello, es pertinente establecer sus relaciones con las demás a fin de facilitar a los estudiantes la comprensión de sí mismo y del mundo que le rodea.

La estructura conceptual.

La concepción se complementa con una estructura conceptual, la cual tienen por objeto resaltar los conceptos más importantes y las relaciones entre ellos. Con el fin de facilitar su comprensión, esta estructura se puede expresar en un mapa, grafo o diagrama conceptual.

Los objetivos.

Un objetivo es un estado de futuro deseado, el cual orienta de manera intencional las actividades para alcanzarlo. Los objetivos en las áreas y asignaturas propenden por la comprensión de conceptos, por la identificación de relaciones, por la aplicación de principios, por el desarrollo de habilidades o destrezas y por la consolidación de actitudes.

Las competencias.

La competencia se puede asumir como el saber hacer y saber actuar entendiendo lo que se hace, comprendiendo como se actúa, asumiendo de manera responsable las implicaciones y consecuencias de las acciones realizadas y transformando los conceptos a favor del bienestar humano.

Los logros.

En sentido general, un logro es el acto de alcanzar un resultado favorable; es un objetivo hecho realidad. También se puede concebir como la descripción de un estado intermedio o el estado final de un proceso de aprendizaje. Este último sentido es el que se asume cuando se está elaborando el plan de estudios. El logro prevé resultados concretos del aprendizaje y por ello se constituye en un elemento de referencia muy importante en el proceso de evaluación.

Los indicadores de logro.

El indicador de logro es un indicio, prueba o seña de que se ha alcanzado el logro. Es por ello que, dentro de la planeación de las áreas, se requiere la definición de indicadores, como elemento de referencia para la valoración de los aprendizajes de los estudiantes. A cada logro se le puede definir uno o más indicadores; a su vez, indeterminado indicador puede estar asociado a uno o más logros.

Los contenidos.

Los contenidos obedecen al qué se aprende dentro de un campo específico del conocimiento; en este caso, un área o una asignatura. Los contenidos están inmersos en la estructura conceptual del área, pero se hace necesario planificarlos para establecer secuencias que permitan estudiarlos a través del tiempo. Es necesario señalar una gran dificultad, que al parcelar los contenidos se pueden desmembrar y con ello perder el sentido general del área. Por ello, es necesario partir de estructuras generales, desagregarlas en estructuras específicas y luego integrarlas para mantener la visión holística del campo de conocimiento. Esto implica trabajar de manera recurrente los conceptos básicos inmersos en la estructura conceptual.

Las actividades.

Existe una gran variedad de actividades de aprendizaje para garantizar el logro de los objetivos. Entre las más usuales se encuentran: observación y análisis de hechos, planteamiento y solución de problemas, diseño y desarrollo de experimentos, las exposiciones, la lectura, la representación del conocimiento, el diseño y desarrollo de ejercicios, el estudio de casos, el juego de roles y los juegos didácticos, entre otros.

La metodología.

El método hace referencia a la manera general como se organizan las actividades para garantizar el aprendizaje por parte de los estudiantes. También guarda relación con el modo de relación entre el docente y sus estudiantes. Existen enfoques metodológicos de orden general como el inductivo, el deductivo, el análisis, la síntesis, la teorización y la aplicación. Los lineamientos curriculares del Ministerio de Educación Nacional proporcionan enfoques metodológicos específicos para cada una de las áreas.

La evaluación.

En esta parte se expresa como se evalúa dentro de las actividades mismas de aprendizaje y se plantean actividades específicas de evaluación. Para ello se recomienda seguir los lineamientos curriculares del MEN, pues cada área tiene su propio enfoque junto con los criterios de evaluación.

La planeación de proyectos.

Dentro de la planeación curricular, los proyectos pedagógicos son doblemente importantes dado que existen proyectos obligatorios para la educación Preescolar, Básica y Media. Además porque las áreas también se pueden planear por proyectos, no solo por asignaturas.

El sentido de los proyectos pedagógicos es generar transformaciones culturales en la Institución Educativa; esto es, la implementación permanente de nuevas y mejores formas de actuar y de pensar de una población específica; en este caso los estudiantes de un curso, un grado, un ciclo o de toda la institución educativa.



[1] MONTENEGRO Aldana, Ignacio Abdón. Cómo evaluar el aprendizaje escolar: Orientaciones para la aplicación del decreto 1290 de 2009. Bogotá: Editorial Magisterio. 2009. 186 P.

[2] Ibíd., p.12

[3] Ibíd.

[4] Ibíd., p.18

[5] Ibid.,21

[6] Ibíd., p 21-23

[7] Ibíd., p.24

[8] Ibíd., p.25

[9] Ibíd., p.27

[10] Ibíd., p.28

[11] Ibíd., p.35

[12] Ibíd., p.39

[13] Ibíd., p.51

[14] Ibíd., p.39

Ibíd., p.78-82

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